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3 fugas de energía invisibles que te drenan sin que te des cuenta


¿Alguna vez has sentido que te levantas ya cansad@, aunque hayas dormido 8 horas? O que terminas el día sin fuerzas, sin haber hecho nada “tan agotador”…

Muchas veces no se trata de café, ni de vitaminas, ni de dormir mejor. La energía se nos escapa por pequeñas fugas invisibles que repetimos casi a diario. No hacen ruido, pero desgastan. Y lo curioso es que solemos normalizarlas.

Hoy quiero hablarte de tres que son muy comunes y que, si aprendes a reconocerlas, pueden marcar una gran diferencia en tu vitalidad.


1. Decir “sí” cuando en realidad quieres decir “no”


Imagina: te proponen un plan, no te apetece nada, pero sonríes y respondes: “¡Claro, perfecto!”. Por dentro sabes que no es lo que quieres, pero lo haces igual.

Cada vez que dices “sí” queriendo decir “no”, tu cuerpo lo siente. Se encoge, se tensa, se carga con esa incoherencia. A corto plazo parece que no pasa nada, pero a la larga se traduce en cansancio, mal humor y resentimiento acumulado.


👉 Tip SAVAM: empieza con un “no amable”. No es rechazar a la otra persona, es decirte "sí" a ti. Verás como tu cuerpo respira aliviado.


2. Conversaciones que evitas



Todos tenemos alguna charla pendiente: con la pareja, con un amig@, en el trabajo… La piensas mil veces, te inventas excusas para posponerla, y al final nunca llega.

El problema es que evitarla no la hace desaparecer. Más bien al contrario: cada día pesa un poco más. Y mientras tanto, tu cuerpo se encarga de recordártelo con tensión en la espalda, insomnio o ese nudo en el estómago.


Como dice Bessel van der Kolk: “lo que la mente reprime, el cuerpo lo expresa”.


👉 Tip SAVAM: atrévete a dar el paso antes de que se convierta en un muro. Hablar duele menos que cargar eternamente con lo no dicho.


3. Posturas cerradas que te quitan vitalidad


Seguro que te has pillado alguna vez sentado así: hombros caídos, pecho hundido, mirada baja. No solo es una postura, es un mensaje. Tu cuerpo le dice al mundo (y a ti): “estoy sin energía”.

El detalle es que mantener esta postura te roba todavía más fuerza. Respiras peor, oxigenas menos, y tu estado de ánimo cae en picado.


👉 Tip SAVAM: prueba ahora mismo a abrir el pecho, soltar hombros y elevar la mirada. Parece simple, pero cambia la sensación de tu cuerpo en segundos.


En resumen


Las fugas de energía no suelen ser “grandes dramas”, sino pequeños hábitos que repetimos cada día sin darnos cuenta. La buena noticia es que, al hacerlos visibles, puedes cerrarlos y recuperar vitalidad.


✨ Porque tu energía es demasiado valiosa como para desperdiciarla en lugares donde no quieres estar, palabras que no dices y posturas que te encierran.


Y recuerda: el cuerpo siempre habla. La cuestión es… ¿lo escuchas?



 
 
 

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